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FAMILIAS DE ELECCIÓN

Opinión de Antonio Medina Trejo*

Las familias de la diversidad sexual hemos existido siempre, de hecho, con familias de elección que han sustituido esa idea romántica de que sólo la familia de origen es donde se nos da amor, solidaridad, soporte. En una de esas, las familias que hemos construido con amigos y en solidaridad con extraños han sido más humanas que las familias consanguíneas, en donde los prejuicios, la ignorancia, la homofobia, bifobia, lesbofobia y transfobia han sido motivo de expulsión y rechazo del seno familiar, en contraste con las familias de elección que muchas veces han sido el verdadero espacio amoroso y existencial hacia quienes salen de la norma heterosexual.

Cuántas historias podría contar de personas gays, lesbianas, bisexuales o trans que han vivido y sobrevivido gracias a familias de elección en las que han superado la muerte, social o física; donde se les ha dado afecto, amor, comprensión o apoyo económico sin que necesariamente hayan mediado relaciones amorosas o sexuales.

Por ello, es importante reivindicar el derecho a formar familias de elección y saber que son una alternativa de vida para quienes enfrentan la discriminación y el odio de sus familiares de sangre, pues al momento las instituciones del Estado mexicano no han logrado garantizar la seguridad de jóvenes, personas maduras o adultas de la diversidad sexual que enfrentan el desamparo familiar por razones de odio derivado de la orientación sexual.

Nunca olvidaré aquel "gay power nómada" de principios de los 90`s -así se autonombraban- que deambulaba por los alrededores del Monumento a la Revolución en donde ese grupo de indigentes gays y trans se protegían de los abusos policiacos; se ayudaban, se daban amor, se procuraban el alimento y luchaban todos los días para sobrevivir en una ciudad cruel que los consideraba escoria social. Había jovencitos de 14, 17 y 20 años, así como mujeres trans de 60 años o más. Todos expulsados de sus pueblos, de sus casas. Sus historias tenían un común denominador: la homofobia y transfobia criminal, ya sea de sus familias, de la gente de sus pueblos o de judiciales y policías de la gran ciudad que en su infinita vulnerabilidad los explotaban exigiéndoles dinero por estar en la calle, además de los favores sexuales.

Qué decir de jóvenes gays, lesbianas y trans, que sin llegar a las calles, han emprendido vidas fuera de sus casas, donde el desamor y el rechazo de madres, padres, hermanos y demás familiares los convierten en huérfanos por elección a corta edad. La anormalidad que ven en ellos o ellas es lo que como imán los han llevado a compartir sus vidas en comunas y hacer más llevadero el rompimiento con la familia consanguínea.

En los años en que muchos hombres homosexuales morían de sida, era común que una vez que fallecía el hijo gay, la familia, que en vida lo rechazó, lo humilló, lo quiso reconvertir con terapias psiquiátricas o llevándolo a separos religiosos tipo el Courage Latino, llegaban con el amigo o pareja y lo despojaban -legalmente- de todo lo que poseía el hijo "maricón". De ahí la importancia de que nuestras familias tengan el reconocimiento legal.

Estas reflexiones las hago precisamente porque los grupos conservadores de nuestro país festejan desde inicios de este milenio a la familia el primer domingo de marzo, con la idea de instaurar su ideología conservadora en el imaginario social, reafirmando que la familia sólo es aquella que se conforma de mamá, papá e hijitos. Pero en la realidad del México que quiere ser democrático, plural y abierto al día a día que viven todas las configuraciones y arreglos familiares, es preciso decir que no es así. Ese es solamente su lindo ideal.

Yo sí estoy de acuerdo en festejar a nuestras familias el primer domingo de marzo de cada año, pero festejarlas en su pluralidad, como sean, como estén configuradas; sin prejuicios que limiten o excluyan los diferentes arreglos familiares, pues las familias son tan diversas y tan dinámicas como el número de hogares existen en nuestro país.

Cada familia es un mundo, sí, pero un mundo que se debe respetar y proteger en igualdad de condiciones por el Estado mexicano, lejos de prejuicios y tabúes construidos desde la ideología conservadora y la ignorancia.

*Secretario Nacional de Diversidad Sexual del PRD
@antoniomedina41