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MICHELLE BACHELET Y SU COMPROMISO CON LA DIVERSIDAD SEXUAL

OPINIÓN. José Antonio Medina Trejo*

Congruente con su ideario de izquierda y de profundo respeto a los derechos humanos, Michelle Bachelet concluyó el 11 de marzo su segundo y último periodo en la presidencia de Chile con tres temas que, de avanzar correctamente, colocarán a este país sudamericano en un lugar destacado en el ámbito internacional.

La iniciativa de una Constitución post dictadura militar con un gran sentido de derechos humanos, apremiar al Congreso para que apruebe la Ley de Identidad de Género y así reconocer jurídicamente a las personas transgénero y transexuales, y la celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo pasado, como una política de izquierda consecuente y solidaria con sus congéneres, son las propuestas del gobierno de Bachelet para hacer de Chile una sociedad más igualitaria.

El golpe militar de 1973 que derrocó al presidente Salvador Allende y que instauró la dictadura de Augusto Pinochet, acabó con la democracia y obligó al exilio a cientos de líderes y simpatizantes de Unidad Popular. En 1980, el régimen de Pinochet promulgó su propia Constitución, misma que aún está vigente y que, de acuerdo con Bachelet no responde con suficiencia a la protección y defensa de los derechos humanos que requiere el siglo XXI.

Desde esta perspectiva, la ahora ex mandataria impulsó con éxito la interrupción legal del embarazo bajo tres causales: violación, inviabilidad del feto y peligro de vida de la mujer, con lo cual, Chile salió de la lista negra de países que condenan penalmente a las mujeres que abortan bajo cualquier circunstancia. De la misma manera, promulgó en 2015 el Acuerdo de Unión Civil y en 2017 envió al Congreso una iniciativa de matrimonio igualitario “porque no puede ser que prejuicios antiguos sean más fuertes que el amor”.

Por eso, no es casual que el proyecto de nuevo texto constitucional -fruto del trabajo participativo en cabildos ciudadanos y una consulta indígena-, busque la inviolabilidad de la dignidad humana, la gratuidad en la educación, la igualdad entre hombres y mujeres, el derecho a la personalidad y a la seguridad social, entre otras garantías, pero sin dejar de lado la herencia republicana del país sudamericano.

Sin duda la diversidad sexual, y el tema trans en particular, fueron medulares en el último mandato gubernamental de Bachelet, quien en junio de 2017, en el marco del Día del Orgullo LGBTTTI, expresó: “Nadie puede ni debe tener miedo de sentir, de expresarse, de vivir plenamente su identidad, de amar con sinceridad y de ser respetado por ser la persona que es”.

En contraste con lo que ocurre en México, en donde sólo la Ciudad de México, Michoacán y Nayarit han avanzado en este tema, durante la última semana de su mandato, la primera presidenta en la historia de Chile urgió al Congreso de su país a aprobar la Ley de Identidad de Género para reconocer a las personas trans sin autorización de terceros.

Lo anterior sucedió justo cuando el filme Una mujer fantástica triunfó en la ceremonia de los Óscar. Claro ejemplo de este cambio paradigmático fue la recepción que tuvo la protagonista de esta película, la actriz transgénero Daniela Vega, en el Palacio de la Moneda.

“En mi carnet (de identidad) hay un nombre que no es mi nombre, y es porque el país donde yo nací no me entrega esa posibilidad, y el tiempo pasa, y el reloj corre, y la gente se va esperando eso”, reflexionó la actriz ante la mandataria saliente.

El 8 de marzo pasado, en la ceremonia oficial del Día Internacional de la Mujer, Michelle Bachelet agradeció a sus congéneres su respaldo en los momentos más difíciles de su gobierno, destacó la importancia de leyes como la despenalización del aborto bajo tres causales, instó a no retroceder en estos avances y otorgó un premio especial a Vega. “Esa mujer fantástica que nos llena de orgullo”.

Al igual que la nueva Constitución, la Ley de Identidad de Género es un tema legislativo que deja la también ex titular de ONU Mujeres en la agenda política de su país. No obstante, los nuevos bríos por la reciente victoria en los Óscar, no hay duda que las fuerzas progresistas de Chile deberán enfrentar a quienes aún piensan que ser transgénero o transexual es una condición patológica; que no es un tema prioritario en el debate democrático, y que el derecho a la identidad no debe ser otorgado a las infancias trans.

*Secretario Nacional de Diversidad Sexual del PRD
Twitter: @senadisexprd